Comprendiendo el Perfeccionismo

 Hola!

Haz escuchado hablar del perfeccionismo?, ¿Qué se te viene a la mente al escuchar esta palara? Me gustaría que conversemos hoy sobre esto. Aunque a menudo se valora en nuestra sociedad, en realidad puede generar un gran malestar.

El perfeccionismo no es simplemente ser una persona detallista o querer hacer las cosas bien. En psicología, lo entendemos como la creencia de que solo si haces las cosas de forma impecable serás digno de aceptación y valía.
Es una presión interna constante para cumplir con estándares inalcanzables.

El perfeccionismo no nace de la nada. Suele originarse en la infancia, a partir de mensajes (explícitos o implícitos) que recibimos.
Por ejemplo:

  1. Haber crecido en un ambiente crítico, en un entorno donde solo se destacaban los errores y no los logros.
  2. Haber sentido que el amor o la aceptación estaban condicionados a un rendimiento excepcional, en base a expectativas muy altas, irrealistas.
  3. El perfeccionista no busca el éxito, sino que evita el fracaso a toda costa, generando por consecuencia temor al fracaso. Por eso, no intenta cosas nuevas si no está 100% seguro de que le saldrán perfectas, lo que limita su crecimiento.

La relación con el fracaso es un círculo vicioso, el miedo a fallar es tan grande que la persona se paraliza, siente culpa, no actúa o pospone. Cuando inevitablemente comete un error (porque es humano y no un robot), la culpa es enorme, ya que valida su creencia de que no es lo suficientemente bueno, lo cual es una creencia totalmente errada y disfuncional.

El perfeccionismo rara vez se queda en una sola área de tu vida; tiende a extender consecuencias en tu día a día y a todos los ámbitos de tu cotidianeidad, generando un alto costo psicológico:

  • A nivel psicológico, la constante presión de ser prefecto genera un estado de alerta y preocupación constante, llegando a generar ansiedad y estrés crónico, donde experimentas somatización en diferentes niveles. A pesar de los logros, la persona nunca se siente satisfecha, pues siempre encuentra un pero y piensa que no es suficiente, afectando directamente a su autoestima y valía. La sensación de no ser suficiente, el agotamiento y la falta de disfrute puede llevar a un estado de desánimo profundo, teniendo riesgo de estados más depresivos.
  • En la vida cotidiana en ocasiones se posponen las tareas por miedo a no hacerlas perfectas, lo que se denomina procastinación. Cuando se presenta la incapacidad de delegar tareas, el exceso de tiempo dedicado a detalles innecesarios y el miedo a pedir ayuda pueden afectar el rendimiento y la relación con los demás, llegando a generar dificultades en el trabajo o los estudios. Por otra parte, la exigencia de perfección no es solo con uno mismo, sino también con los demás. Esto puede generar conflictos, ya que nadie puede cumplir con expectativas tan elevadas, y la persona perfeccionista se aísla por miedo a ser juzgada.

El primer paso para dejar atrás el perfeccionismo es tomar conciencia de que tu valor no reside en la perfección de tus actos, sino en la valía de tu ser. Permítete cometer errores, ya que son la materia prima del aprendizaje y del crecimiento personal.

Es fundamental que no confundamos y diferenciemos el deseo de hacer las cosas bien con el perfeccionismo destructivo. Un esfuerzo saludable se enfoca en el crecimiento, la excelencia y la satisfacción personal. Un perfeccionismo tóxico, en cambio, se enfoca en evitar la crítica y la culpa, y se acompaña de una constante insatisfacción, incluso con los logros. El objetivo no es dejar de ser dedicada, sino cambiar el motor de tu motivación.

El perfeccionismo tiene una voz muy fuerte. Aprende a identificar y a personificar ese diálogo interno como el "crítico interno". Esto hace que la voz sea menos "ella misma" y más un patrón de pensamiento que se puede observar y, eventualmente, cuestionar.

¿Qué te dice esa voz cuando cree que no haz hecho algo perfecto?
¿Cómo te hace sentir?.

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